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Diccionario de Bienes Culturales

Término: Pillar-stele

Piar-estela gl
Pilar-estela ca
Pillar-stele en

Definición

Monumento funerario* característico del sudeste ibérico construido con sillares de piedra caliza y decorado habitualmente con relieves*, esculturas* exentas o animales de esquina. Se compone de una base escalonada, un pilar* cuadrado o columna* que sustenta un capitel*. El capitel* puede estar decorado con ovas*, volutas* e incluso con personajes femeninos o masculinos tallados en relieve. El pilar suele estar rematado en moldura* y una gola* o nacela como soporte de una estatua zoomorfa* en bulto redondo*: un toro, un león o un ser fantástico, como la sirena o la esfinge. Sus dimensiones medias oscilan entre los dos y los tres metros de altura. Los ejemplares más antiguos datan del siglo V a.C. es

Nota de alcance

El pilar-estela, expresión más completa de la arquitectura ibérica, simboliza los privilegios sociales y los deseos de trascender tras la muerte. Tanto los monumentos turriformes* como los pilares-estela, surgen en los primeros momentos de la cultura ibérica (siglos VI-V a.C.). A la novedad técnica que supone su planificación arquitectónica, hay que añadir el papel que cumplieron como receptores de una iconografía monumental, introduciendo el particular gusto ibérico por la escultura que se mantendrá vivo hasta la época romana. El monumento, como otros procedentes de las necrópolis* ibéricas, reúne distintos significados, desde su evidente carácter funerario y conmemorativo como construcción que señala una tumba; su voluntad de perpetuar el recuerdo del difunto en la sociedad y el deseo, por tanto, de trascender tras el paso al Más Allá; hasta su función de exaltación y exhibición del poder de las élites. Casos como los de Pozo Moro (Museo Arqueológico Nacional, Madrid) o Monforte del Cid suponen buenos ejemplos de esas tumbas aristocráticas. es
El pilar-estela, expresión más completa de la arquitectura ibérica, simboliza los privilegios sociales y los deseos de trascender tras la muerte. Tanto los monumentos turriformes* como los pilares-estela, surgen en los primeros momentos de la cultura ibérica (siglos VI-V a.C.) y, a la novedad técnica que supone su planificación arquitectónica, hay que añadir el papel que cumplieron como receptores de una iconografía monumental, introduciendo el particular gusto ibérico por la escultura que se mantendrá vivo hasta la época romana. El monumento, como otros procedentes de las necrópolis ibéricas, reúne distintos significados, desde su evidente carácter funerario y conmemorativo, como construcción que señala una tumba; su voluntad de perpetuar el recuerdo del difunto en la sociedad y el deseo, por tanto, de trascender tras el paso al Más Allá; hasta su función de exaltación y exhibición del poder de las élites. Casos como los de Pozo Moro o Monforte del Cid suponen buenos ejemplos de esas tumbas aristocráticas. es

Referencias bibliográficas

[Almagro-Gorbea, M .; Cruz Pérez, M.L. (1981), pp. 138-140]
[Chapa Brunet, T. (1998), p. 110]
[Izquierdo Peraile, I. (2004), pp. 119-122]
[Los Iberos. Príncipes de Occidente (1998), P. Rouillard, p. 289 y p. 350]